Capítulo 6: El gato con botas

 Maese Gato o El gato con botas (Le Mâitre Chat ou Le chat botté)



Grabado de Antoine Clouzier para la primera edición de 1697



¿De dónde salió el gato?

            El personaje del gato es algo insólito en los cuentos de Perrault quien, tanto en Caperucita, como en Cenicienta y en Pulgarcito, suprimió la ayuda de los animales amigos que existen en las versiones orales. Pero en este cuento, el gato no sólo ayuda a su amo sino que da el título al cuento y acapara todo el protagonismo.
            Hay antecedentes literarios en Italia: tanto Straparole (el cuento primero de la Onceava noche de Las noches graciosas) como Basile (cuento cuarto de la Segunda Jornada del Pentamerone) relatan cuentos en que los gatos hacen la fortuna de sus dueños. Perrault pudo haber conocido estas historias, pero su versión es bastante diferente y está mucho más cercana a las versiones orales francesas. ¿Por qué eligió contar esta historia de un gato? No lo sé, pero comparto la opinión del  escritor francés Marcel Aymé[1] que escribió, en la presentación de una edición de los cuentos, lo siguiente:
Es verdaderamente admirable que el joven Perrault (o el padre , o  el uno y el otro) haya tenido la firmeza de transmitirnos intacta esta historia absurda y maravillosamente desenvuelta, desprovista tanto de intenciones moralizantes como de soportes lógicos. 
 El rasgo de las botas es una invención de Perrault. No son botas mágicas como las de las siete leguas de Pulgarcito, pero cumplen la misma función: lograr la fortuna de su amo. Son buenísimas para andar entre la maleza, pero casi causan la muerte del gato cuando se sube al tejado para escapar del ogro convertido en león...
            ¿Por qué el gato lleva botas? Soriano[2] ensaya una interpretación psicológica. Los dos hermanos mayores funcionarían como uno solo, y el hermano menor y el gato también, entonces se trataría otra vez de una pareja gemelar, pero esta vez doble.  Luego relaciona la palabra “bota” en francés (botte) con el término “bitte” que, en francès vulgar significa el órgano sexual masculino, y la palabra gato (chat) con “chas” que designa, por el contrario, al órgano sexual femenino. O sea que el personaje vendría a ser un hermano menor feminoide que aspira a la virilidad y que la consigue por medio de esas botas viriles ya que, gracias a ellas, logra casarse con la princesa.
            Realmente esta explicación no convence. Soriano también da otra que, según dice, es “la primera que viene a la mente”, y que, a esta altura, parece obvia. Es un detalle arbitrario, un rasgo de la vestimenta, para definir al personaje y, al mismo tiempo, darle al cuento un nombre al estilo de los de los cuentos populares. Y un gato que lleva botas que le sirven mucho para ciertas cosas, pero que son inútiles, y hasta peligrosas para otras, es un detalle gracioso que va muy bien, me parece, con el espíritu del cuento.
           
Las versiones orales
           
            No en todas las versiones populares el personaje es un gato, en algunas es una gata y, en otras, una zorra, pero siempre es el animal quien logra la fortuna de su amo.
            Sin embargo, en la mayoría de las versiones orales, el cuento tiene un final que Perrault suprimió: el animal burlador es burlado por su amo. Evidentemente se trata de un cuento de pícaros, de ésos que, según Darton[3], son típicos de la cultura popular francesa. Si el mundo es cruel, si los poderosos oprimen a los humildes, no queda otra que “aullar con los lobos” y servirse de la astucia y conseguir, no importa por qué medios, lo que se desea.
            Otro detalle que cambió Perrault es la forma de deshacerse del ogro pues, en las versiones orales, el gato incendia el lugar en donde se encuentra el enemigo. Soriano[4] cree que, al hacer del ogro un mago, Perrault estaba pensando en otro cuento, El mago y su alumno en el cual el aprendiz, transformado en zorro, se come a su maestro que se había transformado en una semilla.
            Además de estos dos motivos, el del animal que ayuda a su amo y el del mago que puede transformarse en animal, Perrault usa un tercer motivo presente en los cuentos populares: el gato que hace la fortuna de su amo gracias a sus habilidades en tanto gato, es decir, cazando  ratones. Pensemos en el cuento inglés Dick Whittington y su gata. En esta historia, Dick hace su fortuna vendiendo su gata a un rey de un país lejano que no sabía cómo deshacerse de las ratas. En Francia también hay cuentos populares con argumentos parecidos. Perrault mezcla los motivos al hacer que el gato mate al ogro convertido en ratón.

¿De dónde salió el ogro?

            Una de las principales características de los ogros, que en este cuento no aparece, pero que está presente en La bella durmiente y Pulgarcito, es comerse a los niños. Son seres malvados, primitivos, que practican el canibalismo.
            Los historiadores franceses Jean Carpentier y Francois Lebrun[5] dicen, al hablar de las invasiones bárbaras del siglo V:
            Entonces surge la última ola de invasiones, terrestre esta vez: la de los húngaros, transformados quizás en los ogros de nuestro folklore.
            Y otro histriador francés, Georges Duby[6], expresa la misma idea:
            En cuanto a los húngaros, sus incursiones ya no eran más que un recuerdo, durablemente establecido en la memoria colectiva, pero que se fue hundiendo poco a poco en el folklore y la leyenda.
            Los lingüistas están de acuerdo en la etimología de la palabra “ogro” en francés (ogre): deriva de la palabra “húngaro” (hongrois).
            Así que, en un principio, los ogros eran los invasores que arrasaban las villas y mataban sin piedad.
            Veamos otras de las características de los ogros de los cuentos: son muy ricos y poderosos. El de El gato con botas es dueño de un castillo y de muchas tierras; el de Pulgarcito tiene mucho dinero y un objeto mágico: las botas de las siete leguas. El ogro del cuento inglés Jack y los frijoles mágicos posee un castillo, mucho oro y dos objetos mágicos: la gallina que pone huevos de oro y el arpa que canta sola.
            Son señores ricos y tan poderosos que tienen que ser gigantes, pueden hacer lo que quieran con la gente común, incluso comerse a sus hijos. ¿Acaso estos temibles ogros no nos hacen recordar a los poderosos señores feudales del tipo de Gilles de Rai?



Grabado de Gustave Doré para la edición de Hetzel, de 1862

 



 La revancha del hijo menor

            En los cuentos maravillosos el héroe o la heroína es siempre el hijo menor. Maltratado como en Cenicienta, menospreciado como en Pulgarcito, llamado tonto como en El ganso de oro de los hermanos Grimm, al final siempre triunfa y los malvados hermanos mayores reciben un justo castigo.
            Bruno Bettelheim[7] interpreta el triunfo del hijo menor de la siguiente manera:
            Al nivel más simple y directo, los cuentos de hadas en que el héroe es el más joven y el más inepto ofrecen al niño lo que más necesita: consuelo y esperanza en el futuro.
            Agrega que estas historias le dan confianza al niño, que se siente insignificante ante los adultos, y lo ayudan a solucionar sus problemas.
            Y tiene mucha razón. Los chicos, durante siglos, se han sentido, y se siguen sintiendo, identificados con ese tipo de héroes. Pero no tiene razón en creer que los cuentos se inventaron con esa finalidad.
            En primer lugar, porque, en su origen, los destinatarios de los cuentos no eran los niños sino los campesinos adultos. ¿Y quiénes, sino los campesinos, son los hijos menores de la sociedad, menospreciados y subyugados por sus poderosos hermanos, la nobleza y el clero?
            El gato con botas comienza así:
            Un molinero dejó por toda herencia su molino, su asno y su gato a los tres hijos que tenía. Enseguida se hizo el reparto. No llamaron al notario ni al procurador, que en un abrir y cerrar de ojos se habrían comido íntegro todo el patrimonio. El mayor obtuvo el molino, el segundo el asno y el más joven no obtuvo sino el gato.
            Robert Darnton[8] comenta este pasaje:
            Nos encontramos evidentemente en Francia, aunque existen otras versiones de este tema en Asia, África y América del Sur. Las costumbres de la herencia de los campesinos franceses, y también de los nobles, a menudo impedían la fragmentación del patrimonio y favorecían al hijo mayor. Sin embargo, el hijo menor del molinero hereda un gato que tiene talento para la intriga doméstica. En todos lados a su alrededor este gato cartesiano ve vanidad, estupidez y apetitos insatisfechos; explota esto con una serie de trucos, que hacen que su amo se enriquezca mediante el matrimonio con una rica y también logra una buena posición para él...”
            Si los campesinos hacían como el molinero del cuento, el patrimonio de sus hijos se volvía aún más magro que el de los padres. Si querían conservar el patrimonio intacto con la esperanza de acrecentarlo en el futuro, era forzoso que sólo uno de los hijos lo heredara: el mayor. Los hijos menores se quedaban sin nada y debían recorrer los caminos en busca de fortuna.
            En el imaginario campesino esos hijos menores que obtenían su revancha no significaba solamente la abolición de la injusta costumbre de la progenitura. Abarcaba mucho más. Los campesinos, como después los niños, se sentían humillados y dominados por las clases altas que, por medio de altísimos impuestos, les robaban lo que habían obtenido con su esfuerzo, trabajando de sol a sol. Y, como los niños, se sentían identificados con esos héroes despreciados que, al final, se volvían más ricos y poderosos que sus opresores. Era un sueño. Sabían que era imposible. Pero era su única vía de escape, que funcionaban como hoy en día lo hacen las telenovelas y ciertas películas. Era, en definitiva, una literatura de evasión.
            Leamos a Darton una vez más:
            A pesar de las ocasionales pinceladas de fantasía, los cuentos están enraizados en el mundo real. Casi todos se desarrollan en dos marcos de referencia básicos, que corresponden al escenario dual de la vida campesina durante el Antiguo Régimen: por una parte, la casa y la villa; por la otra, los caminos abiertos. La oposición entre la villa y los caminos abarca todos los cuentos, igual que las vidas de los campesinos en todas partes en el siglo XVIII en Francia.

 Los “valores” de Maese Gato

            Ni bien el gato se calza las botas, se convierte en “Maese Gato”. Según Jean-Pierre Collinet[9] se usa esta palabra (mâitre) para un hombre que es “entendidio, hábil, que sabe hacerse valer”. Veamos en qué es hábil y entendido Maese Gato: en primer lugar, en simulación puesto que simula estar muerto para cazar ratones y simula no escuchar a su amo cuando éste planea comérselo y hacerse un manguito con su piel. De la simulación pasa al engaño cuando inventa al marqués de Carabás y les hace creer al rey y a la princesa que el hijo del molinero es un noble. Luego se muestra experto en amenazas cuando asusta a los campesinos con convertirlos en carne picada si no le dicen al rey lo que él les ordena. Finalmente, no sólo engaña al ogro sino que también lo asesina y se queda con su castillo y sus campos. Mentiroso,ladrón y asesino. Un sinvergüenza total.
Pero es un sinvergüenza simpático, al menos para los que amamos a los gatos.
Por una vez estoy de acuerdo con Bruno Bettelheim[10] cuando dice que El gato con botas es un cuento “amoral”. Y lo es porque es un típico cuento de pícaros francés donde la astucia campesina vence al noble poderoso y engaña hasta al mismísimo rey.
Y acá volvemos a compartir el asombro de Marcel Aymé. ¿Por qué el académico que pretendía educar a los niños con sus cuentos eligió este personaje tan desprovisto de valores morales? 

 Dos moralejas no tan morales

            La primera moraleja es así:
                        Aunque gozar de una herencia
                        que del padre al hijo pasa
                        tiene para ese hijo
                        muchas y grandes ventajas,
            a menudo sucede que la maña y la habilidad
                        valen más para el muchacho
                        que los bienes que heredó.
            La palabra que Graciela Montes traduce por “habilidad” es “savoir-faire”.
Esta palabra comenzó a usarse en la época de Perrault y los gramáticos la condenaban como monstruosa por ser un sustantivo formado por dos verbos y, por consiguiente, le auguraban poca vida. Sin embargo, perduró hasta nuestros días. Un diccionario de 1680 la define como “una palabra dicha a veces por la gente que no habla cortésmente y que significa destreza, intriga, conducta fina”. Otro, de 1694: “habilidad, industria para hacer con éxito lo que se emprende”. Leamos unas palabras de Darnton:
            Los héroes embaucadores se imponen sobre un ideal negativo: la tontería... Los cuentos franceses no muestran simpatía por los tontos pueblerinos ni por ninguna forma de estupidez, incluyendo a los lobos (nota) y a los ogros que no logren comerse a sus víctimas al instante.
            El “savoir-faire” de Maese Gato consiste entonces en ser más listo que el otro y en aprovecharse de su tontería, sin importar que ese otro sea un ogro o el rey.
            ¿Perrault no se dio cuenta de la amoralidad de su personaje y de que su moraleja es poco convincente? Creo que sí, pero, como buen francés, se enamoró de su personaje y no pudo dejarlo de lado.
            En la segunda moraleja, se burla de las mujeres que eligen a los hombres por su buena apariencia física. Tiene razón porque el hijo del molinero, con su linda carita, no hubiera llegado a nada sin la ayuda del gato ya que todo su “savoir-faire” se reduce a aceptar sin chistar los consejos de su felino amigo. 

Un cuento con valores morales

            A pesar de sus impropiedades, el gato con botas sigue contando su historia. En general, todas las ediciones actuales siguen bastante de cerca el texto de Perrault. Hay una de la editorial Kalandraka del año 2005 ilustrada con mucho humor por Luis Castro Enjamio. Por ejemplo, en la última página, el marqués y la princesa se van en una moto.



            Sin embargo en esta época de auge de la literatura infantil con “valores”, algunos editores decidieron moralizar al viejo gato. Descubrí que pueden hacerlo por dos procedimientos distintos.
            El primero de ellos es dejar el texto original y luego hacer lo que Valentina Pisanty[11] llama una “interpretación patológica”. Eso sucede con la edición de la editorial Unaluna  de 2007. La adaptación de Kim Kyeong-Hwa es fiel al original y las ilustraciones de Kim Sam-Hyeon son hermosas y sugerentes. La frase final del cuento es “El gato con botas también se convirtió en el gato más feliz del mundo”. Falta la acotación que dice que de ahí en más sólo se dedicó a perseguir ratones por diversión, pero la ilustración a doble página muestra un gato tremendamente feliz que pierde el sombrero y las botas al perseguir a un ratoncito aterrorizado.



            Pero he aquí que, al final del libro, hay dos apartados escritos por el especialista en literatura infantil Lee Sang Bae. El primero “Sobre el autor” contiene algunos errores biográficos, pero el final es muy interesante:
            En 1697 publicó una antología, “Historias con valores morales”, “El gato con botas” era una de las historias.
            Dicen que Perrault dijo poco después de escribir esta historia: “Para que el hijo de un molinero pueda conquistar el corazón de una princesa a primera vista debe haber sido gracias a sus vestimentas, a su apariencia y a su juventud”.
            El hábito de tener una apariencia limpia y ordenada debe ser inculcado a una temprana edad.
            Más que patológica, esta interpretación es ridícula. En primer lugar, el libro de Perrault lleva el título de “Historias del tiempo pasado con moralejas” que no es lo mismo que “valores morales”. En segundo lugar, las palabras atribuidas a Perrault están, en realidad, incluidas en la segunda moraleja y es más que evidente que se trata de una ironía. Si el falso marqués estaba limpio fue porque el gato le ordenó bañarse en el río y si sus ropas también lo estaban fue porque el gato escondió las suyas e hizo que el rey le diera nuevas. Todo dentro de un plan cuidadosamente pensado para engañar al rey y a la princesa. El especialista en educación no se dio cuenta de eso, pero, afortunadamente, los inocentes lectores siempre lo entendieron bien.
            El segundo apartado se llama “Guía para padres”. Veamos algunos párrafos:
            Lo que se demuestra con el accionar el gato es que recibir una cuantiosa herencia no es importante, sino que ser diligente e ingenioso es mucho más valioso. El arte de vivir consiste en utilizar adecuadamente los talentos que uno posee. Esto se demuestra en la vida diaria y en la forma en que nos relacionamos con otras personas. No importa lo valiosa que pueda ser una perla, si está enterrada nadie sabrá de su valor. Tiene que limpiarse y pulirse para que brille. Los niños no son diferentes, debemos reconocer sus valores y mostrar interés en su accionar. Debemos incentivar el buen uso de esos  valores para que se conviertan en una brillante alhaja cuando sean mayores.
            ¡Qué buen consejo! Hasta nos enseña que las perlas se encuentran debajo de la tierra y no dentro de las ostras... Si los padres ven que su hijo, siguiendo el ejemplo del gato con botas, engaña a sus compañeros y consigue robarles algo, deben incentivarlo a seguir desarrollando sus talentos. Con un poco de suerte, llegará a convertirse en un gran estafador o un exitoso ladrón de bancos, una verdadera “alhaja” brillante.
            ¿Qué podemos hacer con esta edición tan hermosa visualmente que tiene semejante  anexo? Hay una solución muy sencilla: pegar las dos últimas páginas entre sí para que no puedan abrirse y así evitar que los chicos, y los padres, lean tales tonterías.

 Un cuento políticamente correcto

            Otra forma de limpiar la imagen de Maese Gato es adaptar el texto hasta convertirlo en un cuento políticamente correcto, otra de las obsesiones de los adultos que empezó a invadir la literatura infantil. Ejemplo de esto es la versión que forma parte de la serie de cuentos tradicionales que venían juntos con la revista “Jardín de Genios” en el año 2005. Son libros hechos en España por la editorial Sol. Nuestro adaptador se llama Alberto Szpunberg y el coordinador de la obra, Emilio López. Estos dos señores decidieron que todos los cuentos tradicionales eran políticamente incorrectos y se dedicaron a volverlos aptos para los niños actuales. Veamos qué hicieron con El gato con botas.
            Primera incorrección: en caso de que un padre, porque no le queda más que repartir, desfavoreciera a uno de sus hijos en la herencia, los otros hermanos deben velar por él. Texto corregido:
- Ustedes dos. Se lamentó el pequeño- con el molino y el burro, podrán seguir produciendo harina, pero yo...
- No te preocupes...- le contestaron sus hermanos-. Donde comen dos, comen tres...
            Segunda incorrección: una persona no puede pensar, por más pobre que sea, en comerse a su gato y hacerse un manguito con su piel. Solución: eliminar este rasgo.
            Tercera incorrección: un gato que sabe perfectamente que su amo es pobre no puede pedirle que le regale algo. Texto corregido:
            - Duerme tranquilo, querido amo...Yo te ayudaré...
            Al día siguiente, el gato fue hasta el desván. Se calzó unas viejas botas, se echó al hombro una bolsa y se largó al campo.
            Cuarta incorrección: una persona pobre no puede presentarse así como así ante un poderoso, ni siquiera para darle un regalo. Texto corregido:
            Y como lo que más le gustaba a Su Majestad era recibir regalos, el guardián concertó rápidamente la entrevista.
            Quinta incorrección: está mal comer carne, sobretodo de conejitos inocentes. Texto corregido:
            Me envía mi amo, el Marqués de Carabás, para que os entregue este presente: dos conejitos para su criadero, que es tan famoso en todo el mundo.
            Sexta incorrección: por más viejas que estén nuestras ropas, está mal tirarlas. Lo más correcto es guardarlas, por si acaso. Texto corregido:
            El gato con botas fue hasta el lugar donde su amo había dejado sus pertenencias y las guardó en la bolsa.
            Séptima incorrección: está mal amenazar a otros para conseguir algo. Texto corregido:
            - Pero...-decían temerosos los campesinos- estas tierras pertenecen al Gran Ogro, para quien trabajamos...
            - No se preocupen- les contestaba el gato con botas-, yo me encargo de él...
            Octava incorrección: los gatos no deben comer ratones, aunque sean ogros metamorfoseados. Eso está tan mal como comerse a los conejitos. Texto corregido:
            No había terminado de hablar cuando el Gran Ogro se transformó en un pequeñísimo ratón. El gato con botas no tuvo problemas en cazarlo y encerrarlo en su bolsa.
            Novena incorrección: un padre no puede ofrecer a su hija en matrimonio porque piensa que su futuro yerno es muy rico. Si lo hace es porque se da cuenta de que los jóvenes se aman. Texto corregido:
            Y, sobre todo, estaba enamorado de una princesa hermosísima. El rey, que era un lince para darse cuenta de estas cosas, le dijo:
            - Sólo dependerá de usted, señor marqués, que sea mi yerno.
            Décima incorrección: cuando alguien logra hacer fortuna, no puede olvidarse de sus familiares y de sus amigos. Texto corregido:
            ...al morir el rey, el marqués de Carabás heredó el trono.
            Los hermanos del marqués se instalaron en el palacio, y el gato con botas se convirtió en primer ministro.
            Últimas y tremendas incorrecciones: no se puede lastimar a otras personas, aunque sean ogros. Hay que aceptar la amistad de todos, hasta de aquellos que se burlaron de nosotros y nos robaron todas nuestras posesiones. Texto corregido:
            Lo primero que hizo el gato fue pedirle al Gran Ogro que se convirtiese en su amigo. Y el Gran Ogro aceptó encantado.




Los destinatarios de El gato con botas hoy

            Si todas las versiones de El gato con botas fueran como la que acabamos de analizar, tendríamos un destinatario bien definido. Serían los niños, criaturas angelicales e inocentes, que no sólo son vegetarianos sino que viven en un mundo donde ni siquiera los animales se comen unos a otros, que respetan a las autoridades, que aman a sus hermanos, que no están interesados por el dinero sino por la belleza y el amor, que no tienen enemigos porque aman a todo el mundo...
            Afortunadamente, la corriente que boga por inculcarles a los niños valores a través de la literatura y la que ve incorrecciones políticas en todos los textos clásicos, tienen una oposición muy fuerte. La de los editores que, con la ayuda de excelentes ilustradores,  buscan rescatar las versiones originales de los cuentos maravillosos transformándolos en libros-álbum. A veces les sale bien, como a los responsables de la edición de Kalandraka. A veces, no tanto porque cometen el error de consultar a un experto en educación, como les ocurrió a los de Unaluna.
Eric Battut, el ilustrador del álbum de Barba Azul de la editorial Juventud, también ilustró una versión francesa de El gato con botas que todavía no ha sido traducida al español. Por lo menos, no figura en el catálogo de Juventud. Esperemos que pronto podamos leerla en nuestro idioma.         



Imágenes de la versión de Ediciones B ilustrada por Jesús Gabán (2003)



            La mayoría de los chicos conocen al gato con botas gracias a la película “Shrek 2”. A decir verdad, los realizadores de la película supieron captar bien la esencia del personaje pues sigue siendo un atorrante simpático. Creo que es importante leerles a los chicos la historia original para que se den cuenta del porqué de la elección del gato con botas para matar a Shrek. Las tres películas de la serie están bien hechas, pero, para apreciar las parodias, es necesario conocer los textos originales. Si las películas se usan para acercarlos a los cuentos, son un material excelente. Por el contrario, si no les damos a leer a los chicos El gato con botas de Perrault, corremos el riesgo de que recuerden a nuestro personaje como el mejor amigo de un ogro. 


Versiones de Izawa e Hijikata

Sólo tengo dos: la de "Cuento animado I" y la de "Muñequitos". Ambas están muy bien ya que respetan el texto de Perrault, suprimiendo solamente algunos detalles para acortar el cuento. Pero el gato sí se come al ogro convertido en ratón, como debe ser.




Susana Navone

Dos excelentes ediciones:



Charles Perrault, El gato con botas, adaptación de Francesc Boada, ilustraciones de José Luis Merino, Pequeños clásicos, Barcelona, La Galera, 2002.





Charles Perrault, El gato con botas, ilustraciones de Jesús Gabán, versión castellana de Joëlle Eyheramonno y Emilio Pascual, Barcelona, Ediciones B, 2003.


[1] Citado por Marc Soriano.
[2] Obra citada en 2.
[3] Obra citada en 1
[4] Obra citada en 2.
[5] Carpentier, Jean et Lebrun, François, Histoire de France, Paris, Editions du Seuil, 1987.
[6] Duby, Georges, Histoire de France, Paris, Larousse, 1987.
[7] Obra citada en 20.
[8] Obra citada en 1.
[9] Obra citada en 8.
[10] Obra citada en 20.
[11] Obra citada en 12.

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